Travesías del Black Pedro


 ALGARVE (Sur de Portugal)


Cuando uno navega por estas aguas dominadas por el gran cabo, el Cabo de San Vicente, entra a formar parte de esa saga de marinos portugueses de los que seguramente los españoles aprendimos muchas cosas. Hay una pequeña roca pegada al cabo, conocida por los marinos como “la cagada del ingles”.

La punta de Sagres albergó el castillo del famoso D. Enrique, llamado “el Navegante”, impulsor de la ciencia náutica y de los descubrimientos y descubridores portugueses. Ciertamente esos marinos tenían algo de especial, y yo me sentí como uno de ellos cuando fui recibido y acompañado por los grandes albatros que habitan esos lares. El Black Pedro, orgulloso, recaló en Lagos, completando con éxito la doble travesía del Atlántico.


En el libro CRUZAR EL ATLANTICO A VELA y en “BARIAY: La tierra más hermosa que ojos humanos hayan visto - El velero Black Pedro tras la estela de Colón dedicamos un capítulo a la escala y navegación por el sur de Portugal.   

Insertamos un párrafo del libro relativo Portugal:

No queremos perder tiempo al llegar a tierra, así que cuando nos falta una hora y media para llegar a Lagos, decidimos darnos una ducha y ponernos guapos.

Ya puede verse la punta de la Piedade, nuestro último cabo antes de Lagos. Algún pesquero se acerca y nos saluda. Sin duda viene a comprobar que somos de fiar para sus palangres, antes de regresar a puerto. El sol se está poniendo ya y no queremos que se nos haga de noche antes de llegar. La entrada es clara y está bien indicada en el derrotero, pero los cientos de boyas señalizando palangres nos preocupan. Ya tenemos suficiente experiencia en pillar cabos con la hélice. No hay problema, llegaremos con suficiente luz, a no ser que esos negros nubarrones que surgen de encima de las montañas nos lo impidan... ¿Murphy? ...

Llegamos a punta Piedade y nos abrimos lo suficiente para enfilar la boca de la ría de Lagos al 284 verdadero. Una vez bien enfilada se arrían velas a bordo del Black Pedro y ... comienza a llover con fuerza. Nuestros modelitos de bajar a tierra se cubren del amarillo de los trajes de agua. Los náuticos se abandonan por las reglamentarias botas de agua, y las gorras que evitan que las gafas resulten inservibles cambian rápidamente nuestra pinta inicial de despistados turistas, por una de expertos navegantes oceánicos más acorde con una llegada a puerto como Dios manda tras una larga travesía del Atlántico. Esta vez el dios Murphy tenía razón”.



En la
biblioteca tenéis los libros. En asesoría encontrareis la cartografía básica y nuestro derrotero.


Volver.